La provincia de Teruel se localiza estratégicamente en la geografía peninsular, configurándose como encrucijada física y cultural entre las recias tierras dela Meseta castellana y las suavemente bañadas por las aguasdel Mediterráneo. Esta circunstancia, unida a la gran extensión de su territorio, da lugar a un contrastado medio natural y a un atractivo conjunto histórico-artístico y festivo. El patrimonio natural de Teruel se caracteriza por una amplia diversidad de paisajes, apenas transformados por la escasa población que habita la provincia, conservando así gran parte de su esplendor y belleza originales. Las formaciones geológicas presentes en su espacio resumen los últimos seiscientos millones de años de la historia del planeta; los numerosos recursos paleontológicos nos acercan también al pasado más remoto; las serranías y las elevadas mesetas se ven quebradas por ríos que generan angostos barrancos y amplios valles, según el caso; y la depresión del Ebro incrementa el abanico paisajístico al dominar en ella las tierras de cultivo sobre la vegetación natural. Provincia montañosa donde las haya, las numerosas sierras turolenses (Albarracín, Javalambre, Gúdar-Maestrazgo, Palomera, Cucalón, etcétera) combinan tupidos bosques de coníferas con sabinas, enebros y rebollos, pastizales verdes con olorosos matorrales de romeros y tomillos, uniendo a la riqueza forestal y micológica el aprovechamiento turístico de enclaves ideales para la práctica del esquí. Por su parte, los aires fríos y secos que surcan su ambiente ayudan a que el sabroso jamón alcance su punto justo de curación, convirtiéndose en producto gastronómico excepcional de calidad reconocida.
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